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Lo que de verdad importa. Maria de Villota

  Hay cosas con las que te encuentras en la vida y te exigen pararte y reflexionar. Hoy salta en los medios la muerte de Maria de Villota en Sevilla, ciudad a la que habia acudido para dar una charla en el sexto congreso ‘Lo que de verdad importa‘. Como persona que había sufrido un accidente que le habia cambiado la vida sospecho que tenia algo que decir sobre el tema, desde su experiencia personal.

 

  Si tuviera que responder a la pregunta “¿Que es lo que de verdad importa?” me doy cuenta de una dualidad en mi respuesta. Por un lado respondería con aquellas cosas que pienso que realmente importan: la familia, los amigos, los hermanos en la iglesia, mi tiempo con Dios, …., y por otro parece que mi estilo de vida entiende las cosas de otra forma.

  … pero, por otro lado, …, quieto, parado, …, veo que mi esfuerzo personal y mi vitalidad se van en … trabajar, el trabajo se lleva la cuarta parte de mi vida cada semana, …, curioso, …, pero no me habia incluido el trabajo como algo que de verdad importa… ¿será por que no me falta? …, si me faltase, ¿pasaría a formar parte de las cosas que de verdad importan? …

 

  Me gusta la programacion, la ingenieria, aprender cosas … lo que ocupa algo de mi tiempo, disfruto leyendo y aprendiendo cosas …, pero tambien es curioso, no lo he incluido en la lista de las cosas que de verdad importan, …

 

  Y de las que en mi lista personal considero importantes, resulta que mi esfuerzo y tiempo en tener amigos es tan infinitesimal que podriamos decir que es un limite con tendencia a 0, por que no es que sea nulo lo dedicado a los amigos, pero si que se acerca … Y pasa mas o menos lo mismo, según temporadas con el resto de elmentos de mi lista teorica de lo que de verdad importa.

 

  Me imagino que existirán personas que teniendo clara una respuesta a lo que de verdad importa, moldean sus vidas para orientarlas en esa direccion y por eso suelen destacar como diferentes al resto de los mortales ….

 

 

Isaac Barreda

Isaac  Ayer nos dejo Isaac, el “abuelo” por excelencia de nuestra familia comunitaria.

  Hará dos décadas y media que conozco a Isaac. Creo que nunca hablé con el sobre teología ni sobre tecnología.

  Ambos habíamos estado sentados detrás de un volante durante horas, días, meses y en su caso años, lo que nos dio temas de conversación.

  Con el paso de los años y a causa de su laringotomía (a pesar de su micro que usaba como chicharra para jugar con los niños) se iba haciendo mas difícil una conversación, limitándose a un interrogatorio donde respondía si o no, e intentar adivinar que podía estar queriendo decir cuando la respuesta no erá uno de los monosilabos esperados.

  A menudo nos veíamos en la calle, donde el pasaba bastante tiempo paseando. Lo primero era su sonrisa medio picarona. Incluso si me veía y yo no me había percatado de su presencia, hacia lo que fuera para darme su saludo. Corría detrás de mi para tocarme en el hombro y saludarme cariñosamente. Incluso una vez que caminaba por la Av de la Paz, donde el estaba sentado en un banco esperando el autobús, al verme por la otra acera intentó llamar mi atención incluso cruzando la calzada, hasta el jardín medianero, a riesgo de un accidente, sorteando los coches, solo para hacer un saludo con la mano y luego volver a la parada del autobús sonriendo satisfecho.

  No despreciaba un abrazo, no se ponía tieso como se ponen otros cuando los abrazas. Aceptaba el cariño con emoción e incluso alguna vez pude apreciar sus ojos ligeramente humedecidos.

  La esperanza de volver a encontrarnos y disfrutar de nuevo de tu sonrisa picarona hará que la perdida solo sea temporal. Descansa en paz, hermano.


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