Isaac Barreda

Isaac  Ayer nos dejo Isaac, el “abuelo” por excelencia de nuestra familia comunitaria.

  Hará dos décadas y media que conozco a Isaac. Creo que nunca hablé con el sobre teología ni sobre tecnología.

  Ambos habíamos estado sentados detrás de un volante durante horas, días, meses y en su caso años, lo que nos dio temas de conversación.

  Con el paso de los años y a causa de su laringotomía (a pesar de su micro que usaba como chicharra para jugar con los niños) se iba haciendo mas difícil una conversación, limitándose a un interrogatorio donde respondía si o no, e intentar adivinar que podía estar queriendo decir cuando la respuesta no erá uno de los monosilabos esperados.

  A menudo nos veíamos en la calle, donde el pasaba bastante tiempo paseando. Lo primero era su sonrisa medio picarona. Incluso si me veía y yo no me había percatado de su presencia, hacia lo que fuera para darme su saludo. Corría detrás de mi para tocarme en el hombro y saludarme cariñosamente. Incluso una vez que caminaba por la Av de la Paz, donde el estaba sentado en un banco esperando el autobús, al verme por la otra acera intentó llamar mi atención incluso cruzando la calzada, hasta el jardín medianero, a riesgo de un accidente, sorteando los coches, solo para hacer un saludo con la mano y luego volver a la parada del autobús sonriendo satisfecho.

  No despreciaba un abrazo, no se ponía tieso como se ponen otros cuando los abrazas. Aceptaba el cariño con emoción e incluso alguna vez pude apreciar sus ojos ligeramente humedecidos.

  La esperanza de volver a encontrarnos y disfrutar de nuevo de tu sonrisa picarona hará que la perdida solo sea temporal. Descansa en paz, hermano.


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